El aumento a la tarifa del transporte público en San Luis Potosí vuelve a colocarse sobre la mesa sin que cambien las condiciones de fondo. Mientras los concesionarios presionan por un ajuste al pasaje, el usuario enfrenta a diario un servicio deteriorado que no corresponde con el costo que se pretende imponer. La discusión, una vez más, avanza sin partir de la experiencia real de quienes dependen del camión para moverse por la ciudad.

La propuesta de elevar el cobro de 12.50 a 15 pesos se justifica, según el sector transportista, por el incremento en los costos de operación y la supuesta inviabilidad financiera del sistema. El argumento no es nuevo y se repite cada vez que se plantea un alza, bajo la advertencia de que sin más ingresos no habrá forma de sostener ni mejorar el servicio. El problema es que ese escenario de crisis permanente no se traduce en cambios visibles para el usuario.

En las calles, la realidad es otra. Unidades en mal estado, tiempos de espera excesivos y condiciones de inseguridad siguen siendo parte del trayecto cotidiano. A ello se suma el señalamiento de organizaciones civiles que advierten que cientos de camiones operan fuera de la norma, al exceder la antigüedad permitida por la ley estatal, sin que exista una sanción efectiva por parte de la autoridad.

La legislación es clara al establecer que cualquier revisión tarifaria debe sustentarse en criterios técnicos y en el cumplimiento de las obligaciones de los concesionarios. Sin embargo, el orden suele invertirse, primero se discute cuánto debe pagar el usuario y después, si acaso, se revisa el estado del servicio. Este esquema debilita la legalidad y refuerza la percepción de que el aumento no responde a una mejora real.

Así, el debate queda incompleto y desequilibrado. Para miles de personas que usan el transporte público para trabajar o estudiar, pagar más no representa una mejora, sino una carga adicional. Mientras no se garantice un servicio digno, supervisado y conforme a la ley, cualquier incremento será visto como injusto y el sistema seguirá atrapado en el mismo ciclo de inconformidad y desgaste social.