Ni la cercanía con el Palacio Municipal ni la alta vigilancia que presume el Ayuntamiento fueron un obstáculo. La noche del sábado, un asalto a mano armada cometido en pleno Centro Histórico volvió a exhibir la fragilidad de la estrategia de seguridad en la capital potosina.
Pasadas las 19:00 horas, dos sujetos armados irrumpieron en Rubens Joyerías, negocio ubicado sobre la calle Morelos, a escasos metros de la sede del gobierno municipal. Con armas de fuego, los delincuentes amenazaron al personal y perpetraron el robo mientras, en el exterior, al menos dos cómplices aguardaban a bordo de motocicletas para facilitar la huida.
Las imágenes que circulan en redes sociales son contundentes: uno de los asaltantes acciona el arma para intimidar, sin titubeos ni temor a ser interceptado, en una de las zonas más transitadas y vigiladas de la ciudad. El atraco ocurrió en un día y fecha cuando el flujo de peatones y actividad comercial es elevado.
Hasta el momento, no se reportan personas detenidas, ni se ha dado a conocer el monto de lo robado. Tampoco existe un posicionamiento oficial por parte del Ayuntamiento de San Luis Potosí, pese a la gravedad del hecho y a la ubicación estratégica donde ocurrió.
El caso quedó en manos de las autoridades correspondientes, quienes deberán identificar y localizar a los responsables. Sin embargo, el mensaje que deja este asalto es claro: si en el primer cuadro de la ciudad se puede cometer un robo armado con total impunidad, la narrativa oficial de seguridad no se sostiene.
Mientras el gobierno municipal insiste en que “todo está bajo control” y presume patrullajes, tecnología y estrategias millonarias, la realidad vuelve a imponerse con violencia. En San Luis Potosí, incluso frente al Palacio Municipal, la seguridad sigue sin llegar.
