La activista ambiental Ena Buenfil, fundadora de Selva Tenek, hizo un llamado a generar conciencia y acelerar la transición hacia prácticas más sustentables en la industria cañera de la Huasteca, debido al profundo impacto ambiental que generan las quemas de cultivo que cada año abarcan decenas de miles de hectáreas.
Buenfil explicó que la organización ya trabaja directamente con algunos ingenios implementando proyectos de sustentabilidad inspirados en modelos adoptados por países como Brasil, donde el distintivo BonSucro marcó un antes y un después en la reducción de afectaciones ambientales vinculadas al cultivo de caña.
Durante la zafra, la quema de cañaverales provoca múltiples afectaciones, principalmente a la fauna silvestre que anida en estos terrenos.
“Muchos animales no alcanzan a escapar. Algunos porque queman desde los cuatro puntos cardinales, otros porque son crías o simplemente porque no perciben el riesgo”, señaló Ena Buenfil. Entre las especies más afectadas mencionó felinos, venados, conejos, serpientes, arácnidos, e incluso coyotes.
Además, la activista recordó que estas quemas en ocasiones se descontrolan y derivan en incendios forestales, además de emitir grandes cantidades de gases contaminantes a la atmósfera.
El daño no solo es sobre la fauna: la tierra también sufre deterioro. “En el suelo habitan microorganismos esenciales que son arrasados por el exceso de calor. Su pérdida afecta la productividad y la salud del ecosistema”, subrayó.
Ena Buenfil destacó la magnitud del problema. Solo uno de los ingenios cañeros maneja alrededor de 17 mil hectáreas, y en total, sumando los cuatro ingenios de la región, la cifra supera con creces la extensión de la Reserva de la Biósfera, que es de apenas 22 mil hectáreas.
“Estamos en desventaja: lo protegido es mucho menor que lo que se quema cada año”, dijo.
La fundadora de Selva Tenek explicó que el impacto de las quemas hoy es más evidente que décadas atrás debido al cúmulo de nuevas presiones ambientales: crecimiento urbano, expansión de carreteras y una crisis de agua cada vez más severa.
“A lo mejor hace 40 años esa era la única presión. Hoy se suma a muchas otras. Por eso es que debemos tomar medidas”, sostuvo.
Ena Buenfil también mencionó que persisten ideas equivocadas sobre la rentabilidad del corte de caña. “Los ingenios han tenido que traer trabajadores del sur del país porque ya casi nadie quiere dedicarse al corte”, explicó, señalando que la percepción económica no corresponde a la realidad actual.
Finalmente, invitó a la población a reflexionar sobre el impacto de estas prácticas en el entorno y en las generaciones que vienen. “No se trata de atacar a ningún productor. Todos vivimos aquí. Lo importante es entender cómo funciona el ecosistema y qué pueden hacer las grandes fábricas para que esto no empeore”, concluyó.
