La amenaza del gusano barrenador va mucho más allá de un problema veterinario y se perfila como un riesgo serio para San Luis Potosí. Su posible establecimiento en el estado activaría un impacto en cadena que comenzaría en el campo, pero terminaría por sentirse en la mesa y en la economía de las familias. La afectación al ganado compromete uno de los pilares productivos de la entidad y pone bajo presión la calidad de la carne y la leche que se consumen a diario.
Las consecuencias en los animales son inmediatas y severas. Las infestaciones provocan heridas profundas, infecciones, fiebre, debilidad y una acelerada pérdida de peso. Un bovino que no se desarrolla adecuadamente pierde valor comercial, reduce su rendimiento cárnico y produce menos leche. Para los productores esto se traduce en pérdidas directas y para el mercado en una menor oferta que, con el tiempo, termina por reflejarse en precios más altos.
El problema se agrava cuando los animales infestados deben ser aislados y tratados. Los gastos en medicamentos, atención veterinaria y manejo sanitario se disparan, mientras que en los casos más graves la muerte del ganado representa la pérdida total de la inversión. Con un hato bovino cercano a las 900 mil cabezas, una propagación sin control del gusano barrenador podría generar un golpe económico de gran escala, especialmente para pequeños y medianos productores.
La afectación trasciende el ámbito productivo y alcanza a la seguridad alimentaria y la salud pública. Animales debilitados y con lesiones abiertas son más susceptibles a infecciones y contaminación bacteriana, lo que incrementa los riesgos para los consumidores. En este contexto, la prevención, el control del ganado que ingresa al estado y la atención inmediata de heridas en animales se vuelven acciones clave para evitar que un problema sanitario escale a una crisis económica y social en San Luis Potosí.
