En este país, los corruptos duermen tranquilos porque nuestros diputados no hacen nada para castigarlos. Mientras los ciudadanos sufren por los abusos del poder, ellos se cruzan de brazos y evaden su responsabilidad. No presentan leyes para castigar con dureza a los funcionarios corruptos, ni para acabar con los privilegios que ellos mismos disfrutan. Prefieren callar, protegerse entre ellos y dejar que la impunidad siga gobernando.
Lo más indignante es que cuando se atreven a presentar iniciativas, no son para combatir la corrupción, sino para limitar las libertades de la gente. Les gusta castigar al ciudadano, no al político. Quieren más sanciones, más control, más censura, pero no tocan a los ladrones de cuello blanco que saquean el dinero público. Hablan de “orden” y “seguridad”, pero nunca de justicia ni de rendición de cuentas.
La gente está harta de diputados que dicen representarnos, pero solo trabajan para sus partidos y sus intereses personales. Se llenan la boca hablando de “democracia” mientras se olvidan de quienes los eligieron. Viven de nuestros impuestos, pero legislan para proteger su poder. No son representantes del pueblo, son empleados del sistema que mantiene viva la corrupción.
Basta de políticos cómodos y cobardes. México necesita diputados que se atrevan a enfrentarse a los corruptos, no que los encubran. Que legislen para el ciudadano, no para el delincuente de traje. La impunidad no se combate con discursos vacíos, sino con leyes firmes y decisiones valientes. El pueblo ya abrió los ojos, y tarde o temprano, también pedirá cuentas a quienes se esconden detrás del silencio.
