El Quinto Informe de Gobierno de Ricardo Gallardo Cardona deja obras, anuncios y cifras. Pero precisamente porque se trata de recursos públicos, también deja preguntas que deben responderse.
Los informes de gobierno no solamente están para difundirse. Están para analizarse.
Y hay una cifra que merece especial atención: los más de 80 mil millones de pesos que ahora se reportan en infraestructura.
No se trata de afirmar, sin documentos, que la cifra sea falsa. Se trata de algo mucho más elemental: entender cómo se construyó.
En septiembre de 2025, el propio Gobierno del Estado informó que durante cuatro años se habían invertido 24 mil millones de pesos en obra pública.
Cinco meses después, en febrero de 2026, la administración informó que en cinco años de gestión se habrían invertido 27 mil 600 millones de pesos en infraestructura.
Ahora la cifra supera los 80 mil millones.
La secuencia es sencilla:
24 mil millones.
27 mil 600 millones.
Más de 80 mil millones.
Entre febrero y septiembre, la diferencia es de 52 mil 400 millones de pesos. Un incremento aproximado de 190 por ciento.
Eso requiere una explicación documental.
Porque no basta con atribuir el salto a que durante 2026 se construyó más infraestructura. De hecho, todavía a principios de septiembre se difundía públicamente la cifra de 27 mil 600 millones de pesos como inversión estatal en carreteras, vialidades y espacios públicos.
Hay además un elemento que puede explicar parte de la diferencia, pero que al mismo tiempo obliga a precisar la metodología.
El secretario general de Gobierno, Guadalupe Torres Sánchez, declaró recientemente que los más de 80 mil millones corresponden a infraestructura con participación pública y privada.
Y ahí está el punto.
Si dentro de los 80 mil millones se contabilizan inversiones privadas, concesiones, proyectos federales u otros esquemas de financiamiento, entonces esa cifra no necesariamente puede compararse de manera directa con los 24 mil millones que en 2025 fueron presentados como obra pública realizada por la administración estatal.
Son conceptos distintos.
Por eso la pregunta no debería ser si creemos o no en los 80 mil millones.
La pregunta correcta es:
¿Qué integra exactamente esa cifra?
¿Cuánto corresponde a recursos estatales? ¿Cuánto a inversión federal? ¿Cuánto a inversión privada? ¿Cuánto a concesiones? ¿Qué obras están terminadas? ¿Cuáles siguen en proceso? ¿Se contabiliza el monto total de proyectos multianuales? ¿Qué dependencias ejecutaron los recursos?
Eso es rendición de cuentas.
Hay otra referencia que ayuda a dimensionar el tamaño de la cifra. El presupuesto aprobado para todo el Gobierno del Estado en 2026 fue de 70 mil 461 millones de pesos.
Ese presupuesto no es exclusivamente para infraestructura. De ahí salen educación, salud, seguridad, nómina, pensiones, transferencias, programas sociales, servicios, inversión pública y muchas otras obligaciones.
Por eso sería equivocado interpretar los 80 mil millones como recursos estatales ejercidos exclusivamente en obra durante un año.
Pero tampoco basta con responder que se trata de una cifra acumulada durante cinco años.
Porque justamente ahí aparece la inconsistencia que debe aclararse: en septiembre de 2025 el acumulado divulgado era de 24 mil millones en obra pública y en febrero de 2026 la propia administración hablaba de 27 mil 600 millones en infraestructura.
¿Cómo llegamos entonces a más de 80 mil millones siete meses después?
La respuesta debe estar en los documentos.
Y ésa debería ser una de las tareas centrales del análisis del Quinto Informe: reconstruir los 80 mil millones obra por obra.
Nombre del proyecto, monto, año, fuente de financiamiento, dependencia responsable, ejecutor, avance físico y financiero.
Si al terminar ese ejercicio los 80 mil millones se sostienen, ahí estarán los documentos para acreditarlo.
Y si no se sostienen, también quedará documentada la diferencia.
Eso es mucho más útil que convertir un informe de gobierno en una batalla entre quienes aplauden todas las cifras y quienes descalifican todas las cifras.
Los recursos públicos no los genera un gobierno. Provienen, en buena medida, de los contribuyentes y de los distintos mecanismos de financiamiento público. Por eso informar cuánto se gastó no es una concesión de la autoridad: es parte de su obligación de rendir cuentas.
También el periodismo tiene una responsabilidad.
Reproducir una cifra no equivale a verificarla. Una cantidad puede aparecer en un comunicado, repetirse en una conferencia y multiplicarse en medios y redes sociales sin que eso explique su metodología contable.
En el siglo de la información, los datos públicos permiten hacer algo más que repetir discursos: permiten contrastarlos.
Ahí están los contrapesos sociales e institucionales: el periodismo, el Congreso y, sobre todo, los ciudadanos que financian al Estado con sus impuestos.
Después del Quinto Informe de Ricardo Gallardo, los más de 80 mil millones de pesos en infraestructura merecen justamente eso: escrutinio.
No para concluir anticipadamente que la cifra es falsa.
Sino para responder algo mucho más sencillo y mucho más importante:
¿De dónde salen los 80 mil millones?



