Pasan y pasan los años y, en lugar de presumir a nuestros diputados como personajes que han realizado grandes aportes a la sociedad, vemos que son puras vergüenzas. Hasta náuseas provoca acordarnos de la mayoría de ellos.

Pero refresquemos la memoria de nuestros queridos lectores. Vayamos hasta aquellos tiempos de la LVIII Legislatura, cuando Socorro Herrera Orta fue diputada local por primera vez. Votó a favor del enorme endeudamiento del estado de San Luis Potosí, en tiempos del también mandatario panista Marcelo de los Santos Fraga, por mil 500 millones de pesos, deuda que hasta la fecha seguimos pagando los potosinos. A esto se suma el mal uso que se dio a gran parte del crédito y que terminó en los bolsillos de funcionarios corruptos.

Tiempo después, “Coco” Herrera, ya como parte de la oposición en la LX Legislatura, tuvo una participación relevante y se puede decir que logró sacarse la espina clavada. Lamentablemente, falleció en 2019.

Para la LIX Legislatura, ya en el sexenio del pusilánime Fernando Toranzo, los panistas Jaime Yáñez Peredo y Raquel Hurtado Barrera tuvieron un pésimo desempeño. Incluso se recuerdan las amenazas contra periodistas por parte de la intolerante y prepotente diputada.

Como ya mencioné, para la LX Legislatura, Coco Herrera se le puso al brinco a Toranzo, mientras que la priista Delia Guerrero Coronado votó a favor del aumento desmedido al transporte urbano, de aferrarse a seguir cobrando la tenencia vehicular y de meterle otro fuerte endeudamiento a San Luis Potosí.

Nos vamos hasta la LXII Legislatura, ya que en la anterior no hubo diputados de Ciudad Valles en el Congreso. Llegaba, supuestamente, una nueva camada de jóvenes de Morena que aseguraban que serían muy diferentes a los políticos rancios del viejo régimen. ¡Vaya decepción! Gente como Edson Quintanar terminó convirtiéndose en lo mismo que tanto criticaba. En cuanto cobró la primera quincena, le agarró sabor al caldo y aquello que antes denunciaba como derroches y agravios se transformó en una cómoda forma de vida que le duró tres años. Pero la vergüenza, esa nadie se la quitará jamás. 

Luego llegó otro sujeto que también dejó muy mal sabor de boca durante su paso como diputado, después de haber sido secretario del Ayuntamiento de Ciudad Valles. Nos referimos al parásito René Oyarvide, quien llegó por el PT siendo, supuestamente, oposición, pero pronto se convirtió en tapete del gobierno y terminó en los brazos de la bancada del Partido Verde.

Su sometimiento tuvo premio. Al quedarse sin chamba como diputado, lo colocaron en el nuevo Ayuntamiento de Villa de Pozos. Por cierto, este tipo no sabía ni cómo llegar, pues ni siquiera conocía dónde quedaba la plaza principal.

Finalmente, dicen que los milagros sí existen. Para la actual Legislatura, la LXIV, Ciudad Valles puede por fin presumir que ya no sentirá vergüenza por sus diputados.

Y no es porque algún legislador esté haciendo las cosas de manera fenomenal o diferente.

Es, simplemente, porque actualmente no existe ningún diputado en el Congreso que represente al municipio vallense.