La reacción se repite una vez más en la capital potosina: primero ocurre la tragedia, después llegan las clausuras. Tras el ataque armado registrado durante la madrugada en las inmediaciones del antro “La Bamba”, donde dos comerciantes perdieron la vida, autoridades municipales colocaron sellos de suspensión tanto en el centro nocturno como en un restaurante contiguo, en pleno Centro Histórico de San Luis Potosí.

Aunque el Ayuntamiento presentó la medida como parte de las acciones posteriores al hecho violento, el episodio volvió a exhibir un patrón que comienza a normalizarse en la ciudad: los operativos, revisiones y cierres aparecen únicamente después de ataques armados que generan presión pública y cuestionamientos sobre la vigilancia en zonas nocturnas.

Personal de Protección Civil y de Comercio Municipal acudió horas después de la agresión para ejecutar la clausura de ambos establecimientos, mientras la Fiscalía General del Estado mantiene abiertas las investigaciones por el ataque ocurrido sobre la calle Pascual M. Hernández, frente al jardín Colón.

La titular de la Fiscalía, María Manuela García Cázares, confirmó que las víctimas habrían salido de cenar de un restaurante de la zona y fueron atacadas por sujetos armados cuando pasaban cerca del centro nocturno.

Sin embargo, más allá de las investigaciones ministeriales, el foco volvió a colocarse sobre la reacción del gobierno municipal encabezado por Enrique Galindo Ceballos, quien horas antes había minimizado el impacto del hecho al insistir en que la vida nocturna en la capital “sí es segura” y describir la agresión como un evento “muy puntual”.

La postura del alcalde generó críticas debido a que evitó profundizar sobre el desempeño de la Policía Municipal, las labores preventivas o la ausencia de detenidos tras el ataque. En cambio, uno de los principales énfasis de su mensaje fue destacar que Comercio Municipal ya había clausurado los negocios involucrados.

El escenario revive cuestionamientos que ya habían surgido tras otros episodios violentos ocurridos en centros nocturnos de la ciudad. Apenas el pasado 19 de abril, otro ataque armado en el antro “La Villita” dejó dos personas muertas y tres lesionadas, también sin resultados contundentes en materia de prevención o percepción de seguridad.