En la ciudad de San Luis Potosí, la planeación hídrica y urbana parece avanzar únicamente en documentos oficiales, mientras en las colonias populares la realidad cotidiana es la del desabasto permanente de agua potable, drenajes colapsados, calles dañadas y, en temporada de lluvias, inundaciones con aguas residuales.

El pasado 22 de enero de 2026, el Ayuntamiento de San Luis Potosí sostuvo una reunión con vecinos de la colonia Satélite y representantes de distintas dependencias municipales, estatales y federales, en la que se acordó la creación de un Grupo Técnico Interinstitucional para elaborar un proyecto integral que atienda la problemática de la zona. El proyecto deberá presentarse entre el 5 y el 10 de marzo.

En el encuentro participaron funcionarios del Ayuntamiento, INTERAPAS, CONAGUA, el Consejo Hídrico Estatal y el Gobierno del Estado, quienes destacaron la necesidad de coordinación y de estudios técnicos para atender las afectaciones. No obstante, habitantes de distintas colonias señalan que este tipo de acuerdos se repite desde hace años sin que se reflejen mejoras reales en el territorio.

Vecinos denuncian que viven de manera permanente “batallando” por la falta de agua potable, con tandeos prolongados y presión insuficiente, situación que se agrava por la exigencia de contar con aljibes o cisternas que muchas familias no pueden costear. A esto se suma la constante ruptura de drenajes y la presencia de baches, evidenciando un deterioro sistemático de la infraestructura básica.

Durante la temporada de lluvias, la problemática escala a niveles críticos. Colonos advierten que las redes de drenaje se saturan y colapsan, provocando inundaciones con aguas negras dentro de viviendas y calles. Señalan que esta situación se ve agravada por la conexión de edificios públicos a la red de drenaje doméstica, así como por el desfogue de aguas pluviales provenientes de la Feria Nacional Potosina (FENAPO), sin que exista infraestructura adecuada para manejar esos volúmenes.

Habitantes acusan que estas decisiones se toman sin estudios hidráulicos serios ni análisis de impacto urbano, trasladando el costo social a las colonias más antiguas y vulnerables. “Siempre somos los mismos los que pagamos las consecuencias de una mala planeación”, afirman.

Además, critican que el municipio y el gobierno estatal continúen autorizando desarrollos urbanos, plazas comerciales y obras en zonas de riesgo, sin fortalecer previamente los sistemas de agua potable y drenaje, lo que incrementa la presión sobre redes ya obsoletas.

Para los vecinos, la creación de grupos técnicos y mesas de trabajo solo será relevante si se traduce en soluciones estructurales, inversión sostenida y rendición de cuentas. De lo contrario, advierten, seguirá repitiéndose el mismo ciclo: diagnósticos oficiales, promesas públicas y colonias que cada año enfrentan la escasez de agua, calles dañadas y viviendas inundadas con aguas residuales.