“Es mucho dolor para todas las familias, incertidumbre, angustia, desesperación, miedo… eso es lo que más ha dejado”; así se refiere Rosalaura al episodio que cambió su vida y la de treinta familias más, todos habitantes de la zona Huasteca.
El 17 de marzo de 2010 un autobús propiedad de la empresa vallense “Pirasol” desapareció a la altura de Valadeces, Tamaulipas. En el camión viajaban dos operadores y veintinueve pasajeros, entre ellos Fidel Barragán Salazar -esposo de Rosalaura-.
Los ocupantes de la unidad eran migrantes originarios de la zona limítrofe de San Luis Potosí, Querétaro e Hidalgo. Ellos iban con rumbo a Miguel Alemán Tamaulipas, con la intención de cruzar a la unión americana para buscar empleo. “La injusticia tan grande que se ha cometido, porque todas estas personas son padres, son hermanos, son hijos, que trabajaban, se esforzaban y que tenían muchos sueños…”, lamenta Rosalaura.
Este jueves se cumplieron doce años del tristemente célebre “caso Pirasol”, y las familias recordaron a sus seres queridos desaparecidos, con una misa en la colonia Doracely en Ciudad Valles.
Rosalaura lamenta que infinidad de ocasiones ella y el resto de las familias han sido revictimizadas por las propias autoridades, aunque asegura que haber integrado el colectivo “Voz y Dignidad por los Nuestros” les hermanó y visibilizó su lucha, pero también hizo más evidente la impunidad que priva en sus casos. Las familias se duelen por la lentitud de las investigaciones que en muchas ocasiones se debe a la apatía o ineficiencia de servidores públicos, aunque admiten que “son demasiados casos, no sólo los de larga data sino los de personas que siguen desapareciendo en la actualidad”.
Las familias del “caso Pirasol” han recabado infinidad de indicios para contribuir con las autoridades a determinar las líneas de investigación. Suponen que tras la desaparición de las treinta y un personas estaría el crimen organizado, que posiblemente los haya confundido o pretendiera adherirlos a sus grupos.
Hacer justicia sería encontrar a los responsables y que recibieran su castigo, aunque dice Rosalaura que “lo más importante, creo yo, es encontrar los restos de nuestras personas desaparecidas… o encontrarlos con vida que es lo que más ansiamos, y es la fe que mantenemos de encontrarlos en algún momento con vida… y eso ya, más que justicia terrenal sería justicia divina y un descanso para todas las familias…”.



