Agricultores que poseen cultivos de caña en la ribera del Río Gallinas mantenían “secuestrada” el agua del afluente.
A través de canales artificiales desviaban la desviaban para regar sus sembradíos, lo que ocasionaba una baja considerable en el caudal que cae sobre el Río Santa María para formar la casacada de 105 metros de altura.
En horas recientes inspectores de la CONAGUA dialogaron con los agricultores y se logró convencerlos para que dejaran fluir el río de manera natural. De esta manera los turistas pueden apreciar nuevamente la emblemática cascada que se había convertido ya, sólo en un “chorro” de agua.



